Casi todas las clientas me dicen lo mismo en algún momento de la primera sesión: «yo es que el negro lo llevo fatal, pero me lo pongo igual porque es lo que tengo». Y normalmente tienen razón en la primera parte.
Lo curioso es que casi ninguna sabría decirme por qué. Saben que hay días que la gente les dice que tienen buena cara y días que les preguntan si han dormido mal, y no acaban de relacionarlo con lo que llevaban puesto. Pues de eso va la colorimetría, y por eso es lo primero que hacemos.
Como me preguntáis mucho en qué consiste exactamente, voy a contaros cómo la trabajo yo.
Qué miro en realidad
Aquí no estamos viendo qué colores te gustan ni cuáles se llevan esta temporada. Estamos viendo cómo reacciona tu piel cuando le pones un color al lado.
Tu piel tiene un pigmento de fondo, igual que tus ojos y tu pelo, y ese pigmento tira hacia el dorado o hacia el azulado. Cuando el color de la prenda va en la misma dirección, la luz rebota a favor y se te ilumina la cara. Cuando va en contra, se te marcan las ojeras y el gesto se te endurece un poco, lo suficiente para que alguien te pregunte si estás cansada. Y esto pasa aunque la prenda sea carísima, que es lo que más rabia da.
Un color que no es el tuyo no te hace fea. Te quita diez minutos de sueño en la cara, que es distinto.
Por qué te pido que vengas sin maquillaje
Lo pongo en el recordatorio de la cita y aun así alguna aparece maquillada, así que lo explico. Una base, por ligera que sea, unifica el tono de la piel. Unificarlo es justo lo que hace que yo no pueda ver el pigmento que hay debajo. Con el pelo pasa parecido: suelto proyecta su propio color sobre el cuello y me ensucia la lectura, así que te pido que lo lleves recogido o lo apartamos con una banda.
Y trabajo con luz de día, siempre. Las bombillas cálidas de casa hacen que cualquier piel parezca dorada. Si alguna vez te has probado algo en una tienda y luego en la calle no era lo mismo, ya sabes de qué hablo.
Lo primero: fría o cálida
Es la decisión grande, de la que cuelga todo lo demás. Miro tus ojos, tu pelo natural y, por encima de todo, el subtono de tu piel. Ojo, el subtono, no lo morena que estés.
Lo confirmo con pruebas que vas a ver tú misma sin que yo te diga nada. La del oro y la plata sobre el escote es la más rápida: si eres cálida, el oro se integra y la plata te deja un cerco grisáceo alrededor; si eres fría, pasa al revés. Luego voy con telas, que es más fino.
Hay un detalle que separa un estudio hecho con criterio de una respuesta de manual, y es qué haces cuando las tres cosas no coinciden. Hay mujeres con ojos claros fríos y un pelo cálido de nacimiento. En ese caso mando la piel por delante, porque es la que va a estar pegada al color de la prenda.
Lo que casi nadie mira
Saber que eres cálida no sirve de gran cosa por sí solo. Dos mujeres cálidas pueden necesitar rojos que no se parecen en nada. Lo que las separa es cuánto gris aguanta su cara y cuánta luz necesita el color.
A esto lo llamamos opacidad y luminosidad, y es donde se decide si tu rojo es un burdeos profundo, un fresa con luz o un teja apagado. Tres rojos, y solo uno te hace algo. Saltarse esta parte es la razón de que mucha gente salga de un test de color con una lista de nombres en inglés que luego, delante de la percha, no sabe en qué se traduce.
Cuánto contraste quieres sostener
Con tu paleta encima de la mesa ya podemos hablar de intención, que para mí es lo interesante.
Puedes ir en equilibrio, con colores de tu propia armonía. Transmites calma y cercanía, y es lo que quieres para un día largo de reuniones donde el protagonismo tiene que ser de lo que dices, no de lo que llevas. O puedes ir al contraste, tirando de la armonía contraria en su versión media. Ahí ganas presencia, y es lo que quieres el día de la presentación, la foto o la negociación.
Ninguna de las dos es mejor. Son dos herramientas y parte de mi trabajo es que sepas cuál coger según lo que tengas en la agenda ese día.
La regla del abrigo
Si te quedas con una sola cosa de todo el artículo, que sea esta.
La prenda de fuera comunica. La que va junto a la cara es la que te favorece.
El abrigo, la americana o el jersey de encima son los que mandan el mensaje. Lo que llevas pegado al rostro, la camisa, el pañuelo o el collar, es lo que te ilumina.
Esto quiere decir que puedes llevar un abrigo de un color que no es el tuyo sin ningún problema, siempre que junto a la cara tengas uno que sí lo sea. Yo lo cuento siempre porque salva media compra y porque evita el drama de tener que deshacerse de un abrigo que costó un dinero.
Las tres preguntas que salen siempre
«¿Entonces no puedo ponerme negro?» Puedes. Al negro le sienta mal muy poca gente del todo, pero a muchas les queda duro junto a la cara. La solución casi nunca es tirarlo, es bajarlo. Pantalón negro, falda negra, abrigo negro, y arriba un color tuyo. Y si te empeñas en el jersey negro, un pañuelo por encima hace el trabajo.
«Es que estoy llena de canas.» Las canas cambian el juego, y para bien más veces de las que la gente cree. Suelen pedir más contraste y colores más limpios, y hay mujeres a las que la cana les abre una paleta que antes no les funcionaba. Si estás en pleno proceso de dejarte el pelo blanco, dímelo, porque lo tengo en cuenta.
«¿Y en verano, cuando me pongo morena?» El subtono no se mueve. Te cambia el tono aparente de la piel, no el pigmento de debajo, así que tu paleta sigue siendo la misma. Lo que sí puedes hacer en verano es irte a los tonos más luminosos de tu carta.
Qué te llevas cuando terminamos
Te llevas tu paleta: los neutros que te sirven de base, los colores con los que puedes dar la nota, los que combinan bien entre sí y los que conviene dejar lejos de la cara.
Pero una carta de colores en un papel acaba en un cajón, eso lo he visto mil veces. Por eso la tuya vive en tu espacio privado dentro de la plataforma, junto con tu silueta y las líneas que te favorecen. La tienes en el móvil y la miras en el probador, que es donde hace falta y no en casa.
Dónde lo hacemos
La colorimetría va dentro del estudio inicial, que es por donde empieza todo el mundo y que incluye además el estudio de tu silueta, la definición de tu estilo y un look completo montado para una situación real de tu vida.
Lo hago presencial en Madrid, que es como mejor se ve el color, y también online para quien no puede venir, con un protocolo de luz y de fotos bastante estricto. No es exactamente lo mismo que tener las telas delante, te lo digo con franqueza, pero se hace perfectamente y tengo clientas fuera de Madrid trabajando así desde hace tiempo.
Luego, si quieres seguimiento mes a mes, eso es el Camino de Estilo. Y si lo que necesitas es una intervención concreta y sin suscripción, está Atelier.